La infinita complejidad de la mutación de personalidad
Eduardo muta a Guillermo, a los 9 años se queda la personalidad oculta, a los 21 regresa, confundido, no sabe como es el mundo externo, solo lo mira en casa donde siempre fue Eduardo, aunque su madre solo mira a Guillermo, Guillermo es la imagen al exterior y Eduardo es el que no entiende, las fiestas, la gente, los ritos.
Eduardo mira el feretro de sus muertos y nunca le han importado, sólo uno, el abuelo materno, el único adulto con el que le hubiera gustado entenderse, ni siquiera llegaron a conocerse bien. Eduardo no siente, solo es empático con el dolor de la gente, con las alteraciones de comportamiento de su madre y no importa, pues para él todo es un juego todos actuan su humanidad, es algo en la cabeza, algo que el no usa, no puede.
Guillermo no es parte de esa familia, es ajeno, así que el piensa en poner el disco nuevo mientras todos juegan al duelo, su indiferencia es de odio y no de incomprensión, no es parte nunca y por lo tanto mira a esos extraños y rie.
Eduardo y Guillermo se las arreglan para tenerse el uno al otro, siempre se susurran cuando miran que alguien se implica demasiado, que no debe confiar, poca gente puede ser parte de los dos, ya que por definición cada uno odia la vida del otro.
Y nunca habrá nadie que entienda a Guillermo como lo hace Eduardo.


2 comentarios:
Lo malo fue que yo conoci a Silencio... Mientras Guillermo y Eduardo se decidian por salir (o no). Y Silencio fue todo lo que decia ser, al menos es sincero.
Saludos!!!
Amigo, amigo, amigo...
Silencio, también fue Daniel y uso otros nombres, el equilibrio, pero la neta no tiene nombre, los otros sí.. que le hacemos, ah no se si prefiera ser el que era cuando nos vimos en persona don, y por cierto debo aclarar que hace más de un año... supongo que me gusto más ahora, como en ese entonces me gustaba así.
Saludos Don.
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